Page 10 - Revista Ministerio Público (Edición Especial - Bolívar)
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Vida irrepetible
Texto: Gilberto Rivero

Las luchas y batallas de El Libertador en su cruzada por liberar a Venezuela y otros países del yugo
español, sólo son equiparable a lo que transitaron los restos del más grande hombre de América en
todos los tiempos, a raíz de los tres procesos de exhumaciones a los que se vieron sometidos en 182
años después de su trascendencia a otro mundo

“Examinó el aposento con la clarividencia de La idiosincrasia latinoamericana tiene dentro de
sus vísperas, y por primera vez vio la verdad: la sus paradigmas el no hablar mal de los muertos y,
última cama prestada, el tocador de lástima cuyo en la medida de lo posible, cumplir con sus deseos
turbio espejo de paciencia no lo volvería a repe- antes del tránsito ineludible.
tir, el aguamanil de porcelana descarchada con
el agua y la toalla y el jabón para otras manos, El 10 de diciembre de 1830 el Padre de la
la prisa sin corazón del reloj octogonal desboca- Patria dejó plasmado en su testamento: “Es mi vo-
do hacia la cita ineluctable del 17 de diciembre luntad: que después de mi fallecimiento, mis restos
a la una y siete minutos de su tarde final. Enton- sean depositados en la ciudad de Caracas, mi país
ces cruzó los brazos contra el pecho y empezó a natal”.
oír las voces radiantes de los esclavos cantando
la salve de las seis en los trapiches, y vio por la Siete días después, el 17 de diciembre, falleció en
ventana el diamante de Venus en el cielo que se la quinta de San Pedro Alejandrino en Santa Mar-
iba para siempre, las nieves eternas, la enreda- ta, Colombia, siendo realizada su autopsia por su
dera nueva cuyas campánulas amarillas no vería médico de cabecera, Alejandro Próspero Reverend.
florecer el sábado siguiente en la casa cerrada
por el duelo, los últimos fulgores de la vida que Ese día lo narra el galeno de la siguiente manera:
nunca más, por los siglos de los siglos, volvería “A eso de las once de la mañana entró en esta-
a repetirse.” do agónico. Me senté en la cabecera, teniendo en
mi mano la del Libertador, que ya no hablaba sino
Ese párrafo final del libro “El General en su la- de modo confuso. Sus facciones expresaban una
berinto” del escritor colombiano Gabriel García perfecta serenidad; ningún dolor o seña de padeci-
Márquez, constituye el corolario en la vida física miento se reflejaban sobre su noble rostro. Cuando
del más grande hombre que ha dado América en advertí ya la respiración se ponía estertorosa, y el
toda su historia: El Libertador Simón Bolívar. Pero, pulso trémulo, casi insensible, y que la muerte era
a su vez, ese capítulo final representa el comien- inminente, me asomé a la puerta del aposento, y
zo de la paz de su alma que sólo se consegui- llamando a los generales, edecanes y los demás
ría 182 años después, cuando los venezolanos que componían el séquito de Bolívar: “Señores, ex-
pudieron apreciar finalmente su verdadero rostro clamé, si queréis presenciar los últimos momentos y
y un estudio científico que mostró sus padecimien- el postrer aliento del Libertador, ya es tiempo”.
tos en las postrimerías de su existencia.

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